Aunque generalmente los veremos en manadas, estas sólo están compuestas por hembras y jóvenes machos. Los machos adultos prefieren vivir en solitario, como ermitaños del bosque, sin las complicaciones de la vida en grupo. Eso sí, cuando llega el momento de reproducirse olvidan su gusto por la soledad y se acercan a las manadas con la intensión de conquistar una hembra en celo que quiera convertirse en madre de sus hijos. Pero una vez cumplido el encargo regresan a su soltería dejando las labores de crianza a quien alguna vez les entregó su afecto.